El cliché del cliché en el cine policiaco es la escena donde el héroe, quien no puede ser otro que un agente rebelde que se pasa el reglamento por el arco del triunfo pero que siempre captura o de ser posible mata a los criminales, es regañado por sus superiores, quienes lo amenazan con exigirle su renuncia como vuelva a tirarle los dientes a patadas a un sospechoso. Los responsables de Blitz, el director Elliott Lester y el guionista Nathan Parker, quisieron dejar bien claro que no tenían la menor intención de apartarse de los lugares comunes incluyendo no una sino dos regañizas al héroe inmediatamente después de los créditos iniciales, primero por parte de un civil que le pide inútilmente al protagonista que se abstenga de fumar en un edificio público y luego por cuenta de su oficial superior, quien le explica que su violento proceder está afectando la imagen de la policía londinense.
Elliott Lester sólo tiene un largometraje previo en su haber, antes de eso se había dedicado a dirigir videos musicales de Jessica Simpson, Hilary Duff, etc. Es fácil atribuirle la baja calidad de Blitz a su endeble experiencia en medios audiovisuales. Esto es más complicado en el caso de Nathan Parker porque su trabajo anterior fue el libreto de la excelente Moon. Además, Blitz está basada en una novela de Ken Bruen, que algo debe tener para que los productores hayan querido llevarla a la pantalla grande. Imposible adivinar en base a la película qué habrá sido ese “algo“, porque Blitz es tan sólo una tardía imitación de la cinta que comprobara que Clint Eastwood podía representar a personajes en un ambiente urbano y no sólo en los spaghetti westerns de Sergio Leone. Harry el sucio se estrenó hace casi treinta años, su éxito le aseguró cuatro secuelas oficiales y un sinnúmero de copias no autorizadas, sus diálogos siguen siendo parodiados por los cómicos de todo el mundo. No obstante, a los productores de Blitz se les ocurrió que valdría la pena hacer una nueva versión con Jason Statham supliendo a Eastwood.